domingo, 23 de marzo de 2014

Primavera

Lluvia, nubes. Y después de nuevo el sol. Todo pasa. Así transcurren las estaciones ahora: tan frías, tan pálidas, tan vacías. Recuerdo al principio: aquellas primaveras que florecían en un festival de vida y color. El aire perfumado con ese dulce e intenso frescor de las flores recién regadas. En toda la ciudad podía respirarse ese aroma que embriagaba la sangre de ardor juvenil, optimismo y esperanza.
Y cuando llovía ¡qué felices éramos! Todo quedaba precioso, empapado de un radiante y suave rocío, alumbrado por esa extraña y reconfortante nostalgia gris que se desprendía del cielo. Todo era mágico y misterioso. Pero nada podía compararse a tu rostro, con el cabello húmedo y pegado a tu frente sin ningún orden; y tus ojos tan oscuros y sugerentes, con esa chispa de luz tan cálida que me daba la vida al posarse sobre mí. ¿Cómo te atrevías a decir que estabas fea? En aquellos momentos eras la criatura más hermosa de la tierra. Te doy mi palabra. Aunque yo trataba por todos los medios de disimular la impresión que me causabas. No sé si lo conseguía. A tu lado estaba desarmado, me sentía desnudo, torpe y vulnerable. Me volvía a sentir como un niño, cuando en realidad me estaba convirtiendo en un hombre. Yo sólo veía en lo que tú llamabas “tus defectos”, la más absoluta perfección. Yo era esclavo de tus emociones, y tu sonrisa era para mí la primavera. Con qué alegría contenida paseaba junto a ti entre las sombras danzarinas de los tilos, aún con la humedad en el ambiente, y con las hojas derramando perladas gotas de la lluvia, que había pasado como un beso, llenando los sentidos de un aroma juvenil, de algo intenso y femenino.
A veces, distraídamente, sin darle la menor importancia,  colocabas tu mano sobre mí en una especie de caricia, y yo me estremecía. Eran mi cuerpo y mi alma quienes a la vez se estremecían. Algo en mi pecho se agitaba con vehemencia, tan intensamente a veces que creía que me iba a ahogar. Pero era tan agradable, tan misterioso, todo ese torrente de sensaciones nuevas e inefables...

Escribiendo estas líneas me pregunto por qué no se borran los recuerdos como se borran las palabras. Debería ser así de fácil. Aquellas primaveras jamás volverán. Yo no soy el mismo. La lluvia ha perdido su aroma, y el sol su brillo. Y tú ¿quién sabe dónde estás? ¿con quién estás? ¿qué soy yo ahora para ti? Sólo sé que mi mundo fue unido al tuyo, y se rompió en mil pedazos cuando desapareciste de mi vida. Sé que ya no estás, pero el corazón no olvida. Daría lo que fuera por recuperar aquellos momentos, aquellas sensaciones mágicas y brillantes. Pero todo ha pasado, tan fugaz, sin dejar rastro, como una lluvia en primavera, y apenas mi vida es un recuerdo. Y sé que ya nada volverá a ser igual.

Enrique Rull 

domingo, 8 de septiembre de 2013

Notas De Un Poeta Fallecido

"¿Amar? He amado tres veces,
tres veces, y las tres sin esperanza."
M. Lermontov 


Declina el sol ante mis ojos, hundiéndose en cálidos colores ígneos, bajo un cielo azul y gris ceniza. En un instante la brisa se ha tornado fría y áspera, y la vida languidece con presteza a mi alrededor. Pasear a estas horas ya no resulta agradable. Me dirijo ahora a casa.    
Mi caminar es lento y pesaroso. Mis pensamientos se han ido tornando cada vez más tristes con el declinar del día. 
Creo que la nostalgia espera a la noche porque se comprenden muy bien. 
Entro en mi habitación. No hay rastro de vida. La casa esta sola, en completo silencio. Mi cuarto con su habitual desorden. Tantas cosas, tantos trastos que me esperan en el mismo lugar. Parecen mirarme, observarme en misterioso y eterno mutismo.
Me siento en mi escritorio y hundo la cabeza entre las manos, abrumado por una nostalgia indescriptible. 
A mi mente van llegando recuerdos del pasado, poco a poco, como si uno arrastrara al otro de la mano, a cada cuál más triste. Son recuerdos que salen de algún lugar de la memoria donde permanecían presos y ocultos. ¡Oh! ¿De dónde salís? ¿Qué os trae de vuelta? ¿Y por qué? ¿Por qué?¡Espíritu soñador! ¡ Tú me traicionaste ! Mi Mefistófeles.... ¡Cuántas mujeres amé de manera desaforada, rozando la locura! ¡Cuántas lágrimas, cuánto amor tan puro vertido en el suelo, como el dulce vino de una copa que se derrama! ¡Pero tú, tú estabas por encima de todas....!
Fui feliz a su lado. Dormía junto al dulce murmullo de su corazón. Su perfume era la atmósfera del cielo, el sutil y denso aroma que despiden los ángeles. 
Entonces estaba vivo. Sentía mi alma brillar, sentía cada partícula de mi ser rebosar de alegría, de una fuerza renovada que me otorgaba alas para llegar a cualquier lugar. 
He intentado recuperar esos momentos en vano. Escuché a los sabios, intenté enfrentarme a la razón cara a cara. Entendí todo lo que había que entender. Fui fuerte y seguí mi camino solo. A cada paso avanzaba, como me dijeron los maestros. Pero yo recordaba mis alas; y arrastrar el cuerpo para alguien que ha volado es una lenta y penosa agonía. “No te ancles a tu pasado” me dijeron ellos entonces. Borré mis recuerdos, encontré gente nueva, trabajo nuevo, nueva casa y una nueva vida. Pero yo lo sabía,  no eran los recuerdos, era mi esencia, mi propia naturaleza. Yo había tenido alas, necesitaba volar. En un instante había poseído la eternidad. Y ahora me arrastraba por el suelo. La lucha estaba perdida. 
Por la ventana contemplo la luna. ¡Oh, quisiera enamorarme de ti, pensar que eres “tú”, quisiera poder contemplarte cada noche con regocijo, y dormir acariciado por tu divina y etérea luz! Y aún cuando nunca te alcance, despertar cada día con la esperanza de volver a verte brillar. 
Me siento prisionero. La vida es una tumba fría y solitaria. Sé que este no es mi lugar.
El ruiseñor envidiaba las notas que articulaban sus labios. ¡Qué música, llena de frescura, de acariciante ternura y de una misteriosa e inefable belleza! Sabía tañer las cuerdas de mi corazón hasta hacerlas vibrar en un éxtasis celestial. Y la veía caminar, y nunca caminaba, sino que danzaba con la elegancia de un cisne, con magia que embotaba los sentidos de quienes la contemplaban.
Todo el cuarto está a oscuras. Nunca fue la oscuridad tan cruel, tan lacerante. Hoy las tinieblas vienen acompañadas de ese frío que congela hasta el tuétano, y de esa soledad angustiosa que se debe asemejar al infierno. Me fallan las fuerzas.
Salgo solo al camino. Oigo el roce de las hojas que se agitan suavemente en la espesa oscuridad. Avanzo sin conocer mi destino, como un barco abandonado a la corriente. 
El mundo duerme. Las personas recogidas en sus casas. Les envidio. Unos se aman, otros se dejan llevar por sus sueños, otros en desvelo, combaten contra sus problemas tan mundanos pero dignos. Todos en sus hogares, esperando un nuevo amanecer para continuar con sus vidas. Yo no tengo hogar. Un demonio, una inquietud corroe mi alma y no me deja descanso. A cada paso siento que mis pulmones se van quedando sin fuerza. ¿Quizá volé demasiado alto? Si así fue, es el amor el que me condena. Y aún en estos momentos en los que sé que mi vida se extingue, no puedo dejar de pensar en ella. 



Enrique Rull Suárez

domingo, 21 de julio de 2013

Recuerdo y Olvido

Despierta el eco dormido
De tu sombra en la ventana,
Noche de lluvia y vino,
¡Y tu imagen adorada!

Cantabas ¿recuerdas?
Cantabas junto a la ventana,
Y era tu mirada
El suspiro de tu alma,
Dulce, tierna, lánguida,
Todo en ese fuego que quemaba.
El roce de tus dedos,
el sabor de tus labios y el deseo...
Al amor nos entregamos,
Y tras el violento arrebato,
El dulce cielo,
Dos cuerpos, un alma,
Tanta ternura,
en la más bella

y sagrada calma.


Regresas hoy.
Apenas ya respiro,
Regresas cual recuerdo
En este sueño en el que vivo.

Seguí avanzando solo:
Hablo, como y río.
Seguí por la vida
Mintiendo sin sentido.
Te engañé a ti,
Me engañé a mi mismo.
Cruel burla de un cuerpo
Que perdió su alma
Al tratar de enterrarte en el olvido.
Caminé sin ti,

(¿Cómo he podido?)...
Hoy mi botella, el vino y el delirio,
Hoy es todo claro y nítido.
Tú recuerdo en la ventana,
y tu silueta que canta...¡Tan dulce, amor mío!
Hoy otra vez por ti suspiro.
Estoy vivo y no soy nada.
Mi corazón late sin ritmo,
No tiene sangre, no tiene brío,
Sé que de muerte está herido.
Un último trago amor mío,
Apuro esta gota,
Arrojo el vaso al olvido,
Que tu recuerdo me acompañe
En mi último suspiro. 


Enrique Rull Suárez

jueves, 30 de mayo de 2013

Gotas de Lluvia

Es la lluvia una música que, cual rumor distante y lejano, trae recuerdos de otros tiempos, de otros rostros, de delicados aromas que hacía mucho se habían evaporado. Manto frío y gris se extiende fuera. Y pronto el abrigo de la noche: sensual, misteriosa, a veces triste...¡A veces triste! Cuán sola cada gota que cae del cielo, que golpea el suelo, grita y desaparece en la nada, sin siquiera dejar eco... ¿Será así reflejo de nuestra vida? Quizá, quién sabe. Gotas que caemos y desaparecemos en la noche sin siquiera dejar eco. Pero a veces, ¿no es la lluvia dulce y reconfortante melodía? Hay algo de pureza y de libertad cuando danzamos bajo la lluvia. Hay algo mágico y único cuando besamos bajo la lluvia. 
Sé que me iré, gota solitaria, algún día contra al suelo caeré y no habré de seguir. Mas mientras caigo, quiero tocar la más bella melodía. Quiero que ese dulce y acariciante rumor lejano llegue a los oídos de las más bellas almas, de los grandes y cálidos corazones que en su soledad se cobijan durante noches lluviosas. Y sé que esa melodía habrá de perdurar, como perduran los verdaderos besos, como perduran los héroes, como perduran los poetas.
E-

jueves, 18 de abril de 2013

A un amigo

Vi tu mirada.
Acaso 
¿Era tu alma? 
Estaba rota, mustia, ¡muerta!
¡Si, era tu alma!
Puedes sonreír pero no me engañas,
sé que el diablo te ha roto por dentro, 
sé que anoche
deseaste partir
hacia el olvido eterno.
¡No te avergüences amigo mío!
Que yo 
bien te comprendo. 

¿Y esas lágrimas invisibles?
¡Esa furia, esa rabia que grita,
Y que contienes con agallas!
¡Y Dios mío,
Toda esa tristeza que te baña…!

Lo sé, lo sé.
Fueron los segundos horas,
La noche, el infierno,
Puñales con veneno que a miles
Se clavaban.
Hasta el aire dando dentelladas.
¿Quién habla del cuerpo?
¡No yo, que conozco el dolor del alma!

Y aún así delante de mí
Ni una lágrima derramada.
¡Valiente, llora! Eres hombre.
Eres más hombre que nadie
Porque amas,
Y con todo ese dolor en la mirada,
Con todo perdido,
Aún aguantas.

No, no es la vida justa,
No es un bello cuento de hadas.
Y me destroza el alma
Ver tu mirada rota
Por el dolor desgarrada.
Amigo mío, ¡aguanta!

A R.


Enrique Rull Suárez

martes, 26 de marzo de 2013

A mi Abuela

Me da miedo el otoño
Cuando sé que no volverá la primavera.
Te miro. Tus ojos fijos en el vacío.
Tiemblas. Fría. Mustia. 
Estás y no estás.
Tu vida son recuerdos. 
¡No es esperanza, 
No son sueños!
Recuerdos. Sólo Recuerdos.
¿Pensarás en el mañana
Cuando sabes que no habrá?
Apenas, con desprecio,
Al futuro le dedicas algún instante.
La juventud tiene los sueños
La madurez tiene el presente.
Pero ¿y la vejez? ¿Acaso ya no siente?
¿Acaso porque ya sabe, no siente?
¿O porque sabe,  no sueña?
Con altivez indiferente espera la tierra
Volver a abrazar a sus hijos.

Aún puedo verte coser mi ropa en la cocina
Tus hábiles dedos, con tanto empeño,
en la labor absorta, mientras humeaba
El aromático guiso que preparabas,
Y que con cariño cuidabas al mismo tiempo.
Y tantas riñas, caricias y juegos…
¡Cuán ágil perseguiste
A aquel travieso nieto,
Con intención de darle algún azote
(Merecido, reconozco)
Por su avieso comportamiento!
¡”Diablillo”! ¡Cómo me gritabas!
¡En la tarea, doy fe, energía derrochabas!
¡Cuántos dolores de cabeza por mi culpa!
¡Pero qué bien lo pasaba! ¡Y tanto te quería!
Al parque me acompañabas. Al salir del colegio.
Me protegías. Me cuidabas. Me enseñabas.
Y yo sin saberlo.
Hoy apenas puedes moverte. Apenas oyes.
Apenas hablas.
Hoy soy yo parte de tu aliento.
Han caído las hojas.
Débil, trémula,
Apenas unos huesos y piel ajada quedan
de aquella figura robusta y lozana
que antaño tanto me cuidaba y enseñaba.

Hoy crecí. Aprendí algunas cosas abuela.
Mas aún la vida yo no comprendo:
No comprendo si hoy el otoño llega
Por qué no ha de volver la primavera.

Dedicado a mi abuela.


Enrique Rull Suárez

domingo, 17 de marzo de 2013

No Sobreviviré Otro Otoño...

Escarcha en los párpados,
Pupilas de cristal,
Marchitos los labios,
Se apagó el astro del día.
Dijiste no. La vida pasó.
Todo es humo,
Viene de la nada, a la nada va
Y dibuja mentiras en el cielo
Que jamás podré olvidar.

No sobreviviré otro otoño.
No quiero ser uno más sin corazón.
Ya elegí sacrificar el sano juicio
Mas ahora el doble siento, el doble sufro
El doble lloro y muero por dos.
En mis venas corre sangre emponzoñada
Violento y agrio vino de inquietud
Que no me deja, desde pequeño,
Vivir la vida en plenitud. ¡Locura!
Si.
O Amor.
.
Soy soledad en la distancia,
Triste rama que el viento
Del árbol arrancó.
No sobreviviré otro otoño.
Era de noche. Mi lamento nadie escuchó.
Seguí las huellas de tu último beso,
Al abismo me llevaron. Al dolor.
¿Hay luz en la vida?
Venimos de las tinieblas
A las tinieblas nos vamos,
Todo lo que hacemos, todo lo que somos
Todo lo que amamos…
¿No es acaso más que fugaz suspiro vano?
¡Adiós! Palabras, lealtad, juramentos,
Un “te quiero”,
¡Mentira! ¡Hipocresía!
¡Adiós!
Os dejo mi luna, mis estrellas,
La luz del crepúsculo, una mirada tierna,
Y mis cartas de amor.
Nada más tengo.
¡Adiós! 

Enrique Rull Suárez

viernes, 8 de marzo de 2013

Poesía

Soy los labios que ciegos besan tus labios,
El incontenible deseo del amor sincero,
Esa sensación que no encuentra la palabra
Cuando un alma siente suya a otra alma.
Soy la razón al corazón rendida,
Soy la luz que guía al ciego
Cuando el mundo le da la espalda.
Soy de los siglos el suspiro,
De la eternidad el eco que no calla,
Soy los sueños, los recuerdos, la esperanza,
La soledad y la amistad, la pasión y la ternura;
Soy Fuego, Tierra, Aire, Agua,
Y el quinto elemento
Que todos buscan y no hallan.
Soy el último suspiro que sale del cuerpo
Y vuela con el alma,
El cielo que impasible e inmenso
Se funde en mil tonalidades y el paisaje cambia.
El céfiro furtivo que agita las hojas en el valle solitario,  
El sauce junto al lago que se mira en sus aguas
Silencioso sumido en eterno llanto.

Soy las alas de la mariposa en primavera
Que tiñen la brisa del alba de tonos iridiscentes,
El suave rocío de diamante en la rosa secreta
Que se desliza cual lágrima por sus pétalos resplandecientes.
Soy el ave que canta en el más recóndito de los lugares
A la tenue luz vespertina que se derrama entre
Mil  árboles salvajes.
Soy la lluvia, las montañas, los bosques y valles
Y las enfurecidas olas de los tormentosos mares.


Soy la bailarina que danza
Al palpitar del corazón la melodía.
Soy el mundo de la idea,
Que la palabra se acerca mas no alcanza,
Soy la mano que intenta atrapar a la Belleza;
Aquello que perdura, aquello que no pasa.
Soy la sinfonía que hace vibrar las cuerdas
De las tiernas y de las bellas almas.
Soy el Cuervo sobre el busto de Atenea
Cuyo “Nunca Más”, jamás acaba.
Soy de Endimión el dulce sueño
Y de Selene el brillo de su amor eterno.
Soy el mundo de los sueños, de la nada.
Soy locura que encierra una fuente visionaria,
Soy invisible a los ojos,
Del espíritu soy la hermana,
Soy música, soy armonía,
Soy la Verdad, la Pureza,
La conciencia que en la noche te habla.
Soy un niño, un héroe, una mujer enamorada,
Soy el azote de las necias masas,
Soy del tirano la caída,
Soy la Justicia, la Libertad, la Rebeldía,
Soy Apolo, soy Némesis y soy Diana,
Soy las aguas de la fuente de Castalia,
Soy la esencia de la vida,
De la muerte la esperanza,
De los Dioses
Soy la hija sagrada,
Soy la canción
Que bailan las almas
De aquellos que se aman.

Enrique Rull Suárez

domingo, 3 de marzo de 2013

Muda la Brisa...

Muda la brisa, limpio el cielo está,
Noche de calma, noche de cristal. 

Calles huérfanas, silencio. Oscuridad.
Pasos cansados avanzan sin mirar.
No hay dirección
Salvo huellas vacías de soledad.

Mis labios recuerdan tus labios.
Mis manos recuerdan tus manos,
Tu cuerpo rendido en mis brazos;
Y tu ardiente boca
No dejaba de besar.
¡Eras mía 

En la noche de cristal!

Temblabas bajo el aliento de la luna,
Brillabas bajo mil estrellas
Cansadas de brillar;
En la frágil noche eras la frágil llama,
que quemaba, que incendiaba la oscuridad.
Y bajo la brisa celeste
Y de las hojas el murmurar,
Confidentes de nuestra dicha
¡Te hice mía

En la noche de cristal!

En las tinieblas del ensueño
Nuestras almas se fundieron,
¡Tormenta, nubes, tempestad!
Era de noche, brillaba el sol en mi alma
Con su luz crepuscular,
Apuré tu tierno gemido,
Tu cálido pecho de almohada
Acunó mi corazón encendido,
Y mi sangre toda ella cantaba
En un dulce letargo
Como si hubiera tomado
el más agradable vino.
Tus párpados despertaron
Como en sueño de mayo.
Nos despedimos.
Y con febril devoción
Sigilosa y ágil te vi marchar.
¡No sabía que no volvería
Aquella noche de cristal!

Ciego, hambriento, sediento,
Camino solo en la noche sepulcral.
Murieron las flores del jardín de mi alma
Briznas de hierba se doblaron sin hablar,
La fontana se detuvo, se secó el robledal,
Incluso el ruiseñor ha dejado de cantar.

Muda la brisa, limpio el cielo está,
Noche de calma, noche de cristal.


Enrique Rull Suárez

lunes, 25 de febrero de 2013

Y si cae la noche...

Y si cae la noche, 
Yo veré en la oscuridad,
Seguiré la brillante estela
De tus finas alas de cristal. 

Beberé en la sagrada fuente
De tus suaves labios de azahar,
Y enjugaré mi amargo llanto
Sobre el seno de tu beldad.

¿No es la noche más hermosa
Tu mirada 

Que no cesa de brillar?
¿No son negros diamantes 

Esos ojos
Que refulgen en mi alma,
Que levantan tempestad,
Que hacen sonrojar a las estrellas,
Que empalidecen en la noche
La belleza de la mar?

¡Sea, pues, que caiga la oscuridad!
¿Quién quiere un amanecer
Sin tus labios?
¿Quién quiere el calor del sol
Si tú no estás?
¿Quién quiere luz 

Si tú en mi pecho
Dejas de brillar?

Porque la noche es junto a ti un cuento
Que no tiene final... 


Enrique Rull Suárez

sábado, 16 de febrero de 2013

Rosa Solitaria

La rosa vierte su aroma
Igual que tú la triste pena,
Aún es dulce, aún es bella,
Es nube gris en primavera. 

Y sola, creces majestuosa,
Memorias de espinas te rodean,
Pétalos tus ojos llevan,
Caricias que fueron tiernas,
Cuando aún en tus pupilas
Bailaban las estrellas.
¡Floreces en invierno
Mi rosa de hielo
Aunque hoy es primavera!

Mi mano se acerca y se aleja,
Cortarte es matarte,
Mirarte, anhelarte,
No tenerte es morir de pena.

Ya la brisa los corazones perfuma
Con el primer aliento del sol y la luna,
Ya oigo a tus pestañas susurrar
Como alas de mariposa
que se baten por liberar
el brillo de azabache
de tus ojos al mirar
un nuevo amanecer
de nuevo en soledad.

Rocío en tus ojos quema,
Húmeda fue la noche,
La luna huyó de tu pena,
Y en un suspiro
Mi alma cae y por completo se entrega,
Y en un suspiro
Tu aroma mi mundo de nuevo llena,
Y vuelvo a intentar cuidarte
Tenerte…¡Amarte!
A ti, solitaria, la rosa más bella.


Enrique Rull Suárez

domingo, 27 de enero de 2013

¿Temes mis besos?


¿Temes mis besos?
Yo los tuyos temo.
De tu mirada siento miedo,
De esas tiernas pestañas
Que se arquean al mirarme
Suntuosas, oscuras y sensuales;
De tus pupilas donde me veo
Temblando como niño sin resuello.
Temo tu voz que hace vibrar mi cuerpo,
Temo tus ademanes, tus palabras, tu silencio,
Temo el calor que emana de tu seno,
Y temo tu sonrisa que me deja sin aliento.
¿Y tú? ¿Temes mis besos?
No temas al alma pura que se entrega toda
No temas la inocencia que me mueve
La devoción que por ti siento,
¡No temas esos besos!
Que mis labios al tocar los tuyos,
Buscarán tu alma, tu corazón, tus secretos.
Así como la rosa sólo brilla cuando se abre
Y se baña en dorados rayos de vida,
Así  hoy mi corazón se ha abierto,
Y brilla con el suave candor del cielo
Que emana dulcemente tu alma divina.
Así, mujer, no temas mis besos.
Pues sólo inocencia y amor
Caben en este pecho.

Enrique Rull Suárez

domingo, 6 de enero de 2013

Sé De Un Poeta


Sé de un poeta
Que hace versos coloridos
Transgresor y a la moda
Publica en grandes libros
Gana certámenes y premios
Y por todo el mundo
Su nombre es conocido.

Sé de un poeta
Que hace versos políticos
Maestro de la retórica
Dice cantar al pueblo oprimido
La prensa de su tiempo le adora
Sus libros son los más vendidos,
¡Siempre está lleno su bolsillo!

Sé de un poeta
Que a su amada escribió
unos versos sencillos,
Con dulzura sincera e inmortal cariño;
El tiempo pasó
Y el poeta murió en el olvido:
Sin amor, sin éxito reconocido.

Mas yo  fascinado sus versos leo ahora
Y siento como vino añejo su obra,
Más dulce, más denso el aroma
De dolor y del amor más puro brilla toda.

En sus sencillos versos yo veo
Aún su tierno corazón latir
Fuerte, transparente, intenso como viento
Que ruge en la noche y vaga eterno
Buscando la voz de su amada oír.

No le llegó ningún éxito
Jamás a sus labios el ansiado beso,
Humilde, solitario, soñador,
Sin lugar a  dónde ir,
Sin amor ni hogar en la tierra,
Cuál ángel fue obligado a partir.

En silencio te fuiste
Pero dejaste tu corazón aquí,
Puro, límpido, roto de amor.
¡Hoy mis más sinceras lágrimas,
Son derramadas por ti!

Enrique Rull Suárez

sábado, 29 de diciembre de 2012

No Podrán Decir...


¿Cómo es posible
Que de esas cuerdas rotas
Pueda brotar
Tan hermosa melodía?
¿Cómo es posible
Que tu mirada apagada
Pueda brillar
Como la bella luz del día?
¿Que tu aliento helado me queme?
¿Que tu trémula voz me consuele?
Y hasta mi tristeza es de oro
Teñida bajo el sol de tus ojos.
Sentimientos silenciosos
Suenan suaves sobre mí,
¡Piedad! ¡No os logro oír!
Sé que  habláis de amor,
Mas hay tormentas, hay lágrimas
¡Hay también tanto dolor!
¡Ah! Si yo falto algún día
Y por ventura de mi se hablara
Cuando sepulcro mi cuerpo guarde,
De mi no han de decir que no amé;
Excéntrico, solitario, inseguro,
Y más cosas quizá de mí dirán,
Pero no, jamás podrán decir
Que yo no supe amar.

Enrique Rull Suárez

lunes, 24 de diciembre de 2012

¿A Dónde Irá el Amor...?

¿A dónde irá el amor
Que muere en un suspiro?
Decidme qué es del amor
Que no llega a sus oídos,
Del amor que se siente
Pero que calla dormido
Del amor que sólo sueña
Sin despertar de su idilio,
Del amor cuyos latidos
Eco no hayan
En su seno divino
¡Ese amor,
Ese amor es el mío!
Decidme las palabras
Que nunca mi voz dijo,
Decidme de las lágrimas
Que llenaron mis noches
De insomnio
En su recuerdo sumido,
De mis sollozos, de mis llantos
¡De mis gritos!
De mis labios que quedaron
Por siempre sin su calor tan fríos.
Decidme, todo ese amor
¿A dónde irá
O acaso muere
Dejando un corazón
Eternamente herido? 


Enrique Rull Suárez

domingo, 16 de diciembre de 2012

Manifiesto De Un Poeta Condenado


Venid ahora, sabios consejeros, razonables hombres y mujeres de tan vasta sabiduría; aprovecharos ahora de un alma débil y un corazón moribundo para soltar vuestra palabrería tan llena de razón y de sentido práctico. Os ensañáis con el derrotado ¡Poco importa! Os escucho y os escucharé, pero vuestras palabras desaparecen en el fuego de mi alma, se consumen sin dejar vestigio alguno, pues carecen de la ardiente llama, carecen de la vida enérgica y entusiasta que agita mi vida. Son palabras muertas de un mundo muerto.
Yo vivía en libertad, en contacto pleno e íntimo con la sagrada naturaleza. Percibía en lo más hondo de mí una inocente dulzura que embriagaba mis sentidos. Aquel  mundo era lo más bello a mis ojos: no había pobreza, no había necesidad, no existía la maldad y me eran desconocidos el tiempo y la muerte. Algo mágico reinaba silencioso pero vibrante en cada rincón, como el aire invisible y mudo que todo lo llena. Fue en esa época que encontré la plenitud de mi alma, la auténtica felicidad, la forma más elevada de mi ser.
Los Dioses me cuidaban, y en sus brazos aprendí. Los árboles me hablaban, los ríos me cantaban, y la brisa suspiraba tiernamente a mis oídos. Abrazaba solemnemente los tibios y serenos rayos del sol, que hacían crecer y brillar mi alma. Y en la noche tendía mi mano a la luz de la luna, que bañaba con delicadeza mi piel, recostándose  frágilmente sobre mis párpados, y arrullando mis gloriosos sueños. Jugaba con las ninfas y reía con los sátiros, y aprendí a amar entre las flores. Hablaba el idioma de la primavera. Yo entendía su idioma, era parte de él. Un sentimiento puro y muy intenso hacía palpitar mi pecho en loco frenesí, un sentimiento que crecía e iba germinando poco a poco, como el capullo dispuesto a florecer que guarda la exultante belleza de una flor. Yo y todo éramos paz y armonía, belleza e inmortalidad ¡Mi interior bullía de anhelos y sueños, tan elevados y mágicos!
Pero muy pronto fui despojado de mi Elíseo. Muy pronto me encerraron entre muros de piedra muerta, frente a seres dogmáticos, que mandaban e imponían, y me rodearon de seres serviles que no sentían como yo. Mi vida empezó a marchitarse sin apenas haber florecido. Entonces me sentí perdido y conocí el miedo. Y el estar rodeado de seres extraños, cuyo corazón no palpitaba al mismo ritmo que el mío, me hizo conocer la desgarradora soledad, de la que jamás me separaría.
Me intentaron hacer igual a ellos. Me explicaron el mundo, despojándolo de todo lo sagrado; toda la belleza que yo había contemplado y sentido como parte de mí fue arrojada a un oscuro vacío, hasta quedar tan sólo como un recuerdo. Todo aquello que era puro se fue corrompiendo y oscureciendo. Arrojaron más luz para explicar el mundo con la razón como estandarte. Pero esa luz proyectó sombras más densas y oscuras de las que jamás hubo, y mi espíritu quedó totalmente turbado. Algo se rompió dentro de mí, y como el aceite y el agua, jamás logré mezclarme con ese mundo material que me ofrecían.
Los años pasaron y, para sobrevivir, me encerré en mí mismo. Introvertido, sensible en extremo, no era capaz de compartir mi vida con aquel mundo que me rodeaba, pues no lo sentía mío. Y la distancia entre yo y ese otro mundo se fue haciendo cada vez más y más grande. Todo se me antojaba extraño, frívolo, hostil, grosero y cruel.  Y me sentía perdido en una existencia irreal, sobreviviendo gracias a mis sueños y a mis recuerdos, que conformaban mi auténtica vida, una vida totalmente interior. El niño nunca dejó de ser niño, pero su espíritu varonil creció en paralelo, soportando una carga muy pesada y dolorosa; y una melancolía, una añoranza incurable por su antigua vida fue acrecentándose  con el transcurrir del tiempo, sin que nadie lo percibiera, hasta que llegó a hacerse insoportable.
¡Ah! Sólo quién ha conocido el Amor sabe amar. Sólo el Amor es capaz de traer de nuevo aquel mundo divino de mis recuerdos, aquellos tiempos de pureza, inocencia y de paz; de sentir nuevamente la plenitud de mi alma vibrando en armonía con el mundo.  Así, yo busqué el Amor. Lo busqué, lo seguí, empleé todas mis fuerzas y ardoroso entusiasmo. Dediqué mi vida a encontrarlo para poder salvarme, para que volviese la paz a aquella lucha que me enfrentaba contra el mundo en una batalla mortal. Mas alcanzar algo tan elevado no es tarea fácil, ¡pronto me di cuenta! Y mis esperanzas, igual que las olas impetuosas que se rompen contra el acantilado, volvieron a chocar y a romperse contra la realidad; y al igual que el agua, que en finas y débiles gotas vuelve a su ser mansamente, yo volví a la triste y resignada calma de la que me había despertado el Amor.
Pero basta un instante de aquel estado extático, de aquella espumeante ola que se alza con irrefrenable ímpetu hacia el cielo; basta un instante de ese ardoroso y efímero arrebato para elevar el alma y contemplar fugazmente lo divino y lo sagrado de nuevo sobre el mundo. Mi alma volvió a vibrar de felicidad, y quedó lúcida y plena por un momento.
Y entonces, vuelvo la vista a lo que me rodea, y tiemblo al ver en qué punto se halla la humanidad.
Despojados de los dioses, dedicados a pequeños y parcelados quehaceres, a los que están encadenados de por vida, que limitan su espíritu, que ahogan todo lo grande y lo bello, a cambio de un conocimiento vacío, efímero y deshumanizado: abandonados a la inteligencia, escuchando solo su propia voz, los hombres se han olvidado del corazón.
¡Acusadme de mis exageradas pasiones! ¡De mis sentimientos tan exaltados! ¡De mis penas y alegrías que amenazan con derrumbarme! ¿Acaso puedo controlar el ardor de mi espíritu? ¡No! ¡Ni tampoco quiero! Yo a vosotros os acuso de doblegar vuestros sentimientos ante la inteligencia, simplificarlos, limitarlos y dejarlos morir; de arrodillaros ante una razón que resulta insignificante comparada con lo divino, con el Amor, con la Belleza, y de renegar de todo ello en favor de una acomodada existencia pueril y vacía. ¡Habéis desdeñado aquello que es inherente al ser humano, aquello que conforma su esencia! ¡Habéis abrazado el mundo terrenal y os habéis olvidado del divino!
No me arrepiento de haber entregado mi espíritu a unas fuerzas sin freno. He abrazado el rayo, lo he amado, y la pureza de mi corazón ha permitido que resista el embate mortal del fuego celeste para poder cantar su espléndida luz en nuestro lenguaje. Porque fui cobarde, me escondí, me batí en retirada frente a las dificultades de la vida; padecí el dolor más profundo, la tristeza más amarga, la agonía, la humillación, la soledad…Pero jamás, en ningún momento, dejé que apartaseis lo sagrado de mí. Lo guardé con celo, lo abracé, lo amé, mientras se iba haciendo más fuerte, manteniendo mi corazón puro, pese a todas las tristezas y decepciones a las que fui sometido. Forjé mi paz y mi pureza en la propia lucha de mi alma contra el demonio, contra ese demonio que devoraba a dentelladas mis esperanzas pero que, al mismo tiempo, hacía mi canción más hermosa.
Pues en el poeta, bien es sabido,  siempre conviven un ángel y un demonio en eterna pugna. El ángel conduce al bardo en su dulce abrazo hacia el cielo, en sus alas que se baten calmas y armoniosas entre  nubes y estrellas, para que pueda contemplar todo lo elevado, lo bello, para que se una al Amor en fraternal abrazo, en plenitud de su ser. Pero el poeta también tiene un demonio, que no le deja mantenerse en la cúspide del divino cielo, y así, en el justo instante en que contempla lo más alto, las garras del demonio lo envuelven, y cae con él en caída libre, en la tristeza más profunda, en el vacío, en la añoranza perpetua de aquel cielo. Pero no cae a la tierra firme. No. Está en manos del demonio, y se hunde aún más abajo, sigue su épica caída atravesando la tierra, más abajo, a la misma morada del mal, allí donde no hay ni luz ni esperanza. Al poeta no le es dado el reposo terrenal,  pues sus anhelos son divinos; ha contemplado la luz sagrada, ha contemplado la Belleza, el Amor, en toda su plenitud, y su espíritu está agitado y anhelante y por ello mantiene su corazón puro. Pero sigue siendo mortal, por lo que no le es lícito permanecer en el cielo. Así, sin tierra, sin cielo, sólo le queda el infierno: la lucha contra el demonio por soltarse de sus garras, por volver a elevarse, malherido, con el ángel hacia lo sagrado. Porque él no quiere, no puede estar en la tierra, un lugar corrupto, embrutecido, hostil. Y es en esa batalla entre fuerzas sobrenaturales donde más aumenta su fuerza, su vitalidad, donde más hermoso se hace su canto. Es en la eterna lucha donde vive el poeta, pues sólo puede vivir combatiendo.
La caricia del ángel conlleva la del demonio. El poeta que templa su espíritu en la tierra, que evita el huracán y se guarda del rayo celeste, refugiándose en las cuevas de los hombres, ése logra vivir en paz sobre la tierra. Pero para ello ha negado la esencia misma de la poesía, su propia alma, que es divina, y sólo responde a aquello que es divino. 
Amistad, Amor, Belleza. ¿Acaso no lo sois todo? Entre los hombres soy un extraño. Ahora camino solo, entre cielo e infierno, sabiendo bien que éste no es mi lugar. Mi lira invisible aún la tañe aquel niño de espíritu tierno que conoció la verdad. Sólo en ciertos momentos me encuentro en aquellos campos dónde el sol resplandecía joven y fuerte, dónde el aire incitante me acariciaba como un bálsamo de vida, dónde las fuentes fluían cantando bellamente los ignotos secretos de la tierra, dónde mi corazón vibraba en la más perfecta armonía con todo el universo, con todo lo divino. 
Aquí encerrado, los días pasan como oscuras nubes. Pero yo sigo luchando. No han logrado encadenar mi espíritu. Es mi decisión, con brío me lanzo desnudo al combate: cielo o infierno. Esta es mi lucha contra el demonio.

Enrique Rull Suárez 

sábado, 15 de diciembre de 2012

A Una Bailarina

He visto caer una lágrima
De tus negros ojos tiernos,
De tu rostro triste y bello,
¡Tu dulzura 
Presa de amargo lamento!
¡Mas detente! 
Otra lágrima ver caer no quiero.
Aunque como una flor
Por el rocío empapada,
Así resaltaba tu pena,
Frágil, hermosa y delicada.

A mí tus lágrimas
Al alma me llegan,
Y si otros no sienten,
Yo el doble siento;
Y tu llanto se hace
Hondo pesar en mi pecho,
Que aquellos que sienten,
Cuando ven marchitarse
Lo puro y lo bello,
El doble se afligen
Y sangran por dentro. 

¡Seca hoy tus lágrimas!
Que frívolas palabras
No toquen corazón excelso,
Que tu tristeza ver no quiero,
Y cumple tu deber etéreo:
Alumbra con tu sonrisa 
Nuestro cielo,
Álzate sobre almas impuras,
Baila alegre con la luna,
Sólo a los ángeles escucha;
Y con indiferencia desdeña
El lenguaje que no venga 
De la más pura inocencia. 

Para Pilar
Enrique Rull Suárez

sábado, 8 de diciembre de 2012

Mi Mundo Está Lleno de Ti

Mi mundo está lleno de ti.
Como notas suaves del arpa
Que mano divina arranca,
Así tu voz llega hasta mí.

Bella, dulce y tímida.
Mi mundo está lleno de ti.

Certera y mortal tu mirada,
Como flecha que golpea
En el centro de la diana;
¡Me hiere!
¡Me calla!
¡Me mata!

Mi mundo está lleno de ti.
De tu voz y tu silencio,
De tus gráciles gestos
De tu perfume y de tu aliento
De tu postrer e inocente beso,
Hasta de tu ausencia,
Mi mundo está lleno de ti.

¡Cuán débil es el corazón
Que no sabe él solo latir,
Que se muere por amor,
Que no sabe vivir sin ti!

¿Quizá arrancarlo?
¿Quizá si muere?
¿Serviría de algo?
Quizá, porque
Precisamente
Dejar de amarte él no puede.

Enrique Rull Suárez

sábado, 1 de diciembre de 2012

Pasarás Junto a Mi Tumba


Pasarás junto a mi tumba
Indiferente,
el sol brillando en tu cabello,
música de risas y bromas,
y un nuevo amor sobre tu pecho.

Te amaba.
Yo guardé silencio.
Nunca mis labios lo dijeron,
Pero,
Acaso mis ojos ocultarlo
¿Alguna vez pudieron?

Así como el sol
Da vida
pero él vivir no puede,
Su propio fuego le devora,
Ilumina mientras se muere,
Así fue mi amor,
Tan ardiente, condenado
Tan brillante, tan lejano.

Pasarás junto a mi tumba,
Mi nombre ya
al olvido postergado,
tú feliz y yo
un nombre tan solo
sobre una lápida grabado.

Pero quiero pensar
Que si alguna tarde de otoño
En angustiosa soledad perdida,
En la nostalgia confundida
Del tiempo pasado,
Acaso mi nombre
Regrese a tus labios.
Un instante,
Quiero pensar
Que sabrás que te amé
En silencio sagrado.
Y si un sentimiento
De ternura y cariño
Florece pálido
Al evocar mi recuerdo
En tu seno divino,
En tu soledad misteriosa,
Ten presente amor mío
Que aún en la tumba
Tu felicidad ansío,
Y si mi recuerdo
Aún para ti significa algo,
Dedícame una canción
Dulce, suave y tierna;
Cántame como la luna canta
A la noche anhelante,
Con esos labios que nunca besé
Pero que hice míos;
Que mi nombre
Traiga la calma
A tu corazón afligido,
Que ahuyente la soledad,
Que reconforte tus suspiros.

Piensa en mí un instante,
Y luego olvida, ríe, y sé feliz,
Sé feliz amor mío.

Enrique Rull Suárez

lunes, 29 de octubre de 2012

¿En qué piensas dulce niña?


¿En qué piensas dulce niña? Cuando la luna brilla y la noche calma envuelve tu inocente hermosura, tus labios suspiran, y yo me pregunto ¿En qué piensas? ¿Es tu mente un alegre campo que radiante brilla con la esperanza del mañana? ¿O azorada por los asuntos del día, inquieta te hallas? Cuando tu pálida tez acaricia la almohada, y las sábanas cubren blancas tu grácil y suave cuerpo de ninfa ¿En qué piensas dulce niña? ¿Acaso pides a Dios, o rezas, por las alegrías de mañana? ¿O algún pensamiento turbio te acecha y te daña? Cuando tus delicados párpados cansados al fin cubren tus brillantes ojos negros como la noche de estrellas plagada, y las tenues sombras se confunden en la nada, mi dulce niña ¿En qué piensas? ¿Acaso piensas en Amor? ¿Acaso en mí piensas?


Enrique Rull

domingo, 28 de octubre de 2012

Suspiro cansado


Suspiro cansado que empaña la esperanza
Abierto está mi pecho, que corra la sangre
Y cante el amor y la gloria en suaves notas
Tristes y dulces del tiempo pasado.
Recuerdo, la noche, tu tierno amor me envolvía
Acunábamos la ternura en nuestros sueños dorados,
Bailábamos al son de la vida inmortal,
Lejos, aún el mundo giraba
Y el tiempo corría,
Lejos aún la vida terminaba
Y el tiempo moría.
Recuerdo hojas que nacían
Y hojas que caían, y en tu mirada
Reflejábase la mía,
Y cada palabra de tu voz
Me acariciaba,
Y yo tu aliento divino
En cálida y ardiente pasión te robaba...

Hoy mirando sigo
En la fuente ya seca que guardó tu reflejo,
Tus huellas en la arena que borró el vendaval
La fragante rosa seca en el suelo,
La habitación que contempló
Tú último beso
Que el destino me quiso dar.  
Dime Amor ¿Ya es primavera? ¿Por qué este frío?
¿Por qué no oigo a los pájaros cantar?
¿Es mi alma, en silencio, la que grita, la que llora?
¡Triste que el fuego que hoy me consume
Es el mismo que un día me hizo brillar!
Estas lágrimas que como velo
Mis ojos cubren
Le pido a Dios
Que el tiempo no permita enjugar,
Pues los días que se fueron
Embriagados de felicidad
Atados al Amor están,
Y es la tristeza de hoy
El canto del cisne
de aquella dicha celestial,
En ella me regocijo,
Me refugio,
Eterno instante,
Mi única vida
Amor de verdad.

Enrique Rull

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mi Verso


Ya camine mi verso
Entre el pulcro brillo
De alhajas y oropeles
Que visten ufanos
Damas y señores
Tan bien engalanados;
Ya camine mi verso
Entre hambre y miseria
Necesidad y pobreza
Frente a mendigos
Injusticia y oprimidos,
Mi verso
Nunca se para.

Mi verso camina
Entre el oleaje y las mareas
Entre montañas y bosques
Entre nubes y estrellas.
Mi verso es de la tormenta
El rayo que ciega,
El trueno que restalla,
El viento que brama,
¡La lluvia que sanea
El campo y la tierra!
Y de la luna llena es mi verso
El argénteo fulgor hechizado
Que guarda los gratos sueños
De aquellos enamorados.

Mi verso camina
Entre el oro y el barro
Entre palacios y chozas
Entre buenos e ingratos
Y ante silencio y desdén
No se detiene,¡al contrario!
Altivo bate sus alas
Y con el viento vuela,
Ya para oír al ruiseñor
Cantar sus notas doradas
Ya para al águila admirar,
Orgullosa majestad
Reina de las altas montañas.

Mi verso se escurre
Entre corazones de hielo,
Y abraza los que arden
Con el deseo y el fuego.
Lleva de un niño la sonrisa
La dulzura de una dama
Del guerrero la fuerza,
Del anciano la nostalgia.

Y si una lágrima derrama
Sincera mi pecho afligido
¡Ahí está el verso,
Mi fiel amigo,
Para secarla!
Y si siento mi vida
Caer al vacío,
¡Ahí está el verso
Hermano mío,
Para sujetarla!
Es  alegría y  tristeza
Y es  añoranza,
Es lo más sincero
Que brota de mi alma.
Mi verso
Camina
Y nunca
 Se para.

Enrique Rull Suárez

domingo, 19 de agosto de 2012

Poema Destinado a las Llamas


Cae la noche
Manto negro,
Todo silencio
Tal como tumba
En mi alcoba yerto
Del desvelo preso.
¡Hoy nada comprendo!
En mi lecho tumbado
Mirando a un cielo
Al que no veo
Como talla en piedra
Descansa mi cuerpo
Vivo pero muerto.
Sueño sin dormir,
Mudo lamento
Jamás nadie ha de oír.
¡Esta noche es todo
Aciago, frío y gris!

Y así poco a poco
Cual sombras desfilan
Ante mí recuerdos
¡Todos tan amargos!
Manso consuelo
En ninguno hallo.
Llega primero
La melancolía
Le siguen luego
Los remordimientos.
Cada año pasado,
Un año que dolía
¡Un año fracasado!

Sueños dormidos
Deseos extinguidos
¡Amor destrozado!
¡Amor traicionado!
Recuerdos
¡Detened esta locura!
Rostros femeninos
Que besé con ternura
Que prometí el cielo
Y perdí la cordura
¡Mentiras! ¡Vanidad! ¡Lujuria!
¡Pecado! Todo inútil
Buscar felicidad
En un campo yermo...
¡Así desgarra la noche
Los restos de mi pobre alma!
¡Mentiras!¡Palabras!¡Palabras!
¡Y nada sirve para nada!
¡Y me niego a llorar!
¿Acaso seré capaz
De mostrar mayor debilidad?
Pero al final como la presa
Por el torrente desbordada
Así escapan mis lágrimas
Con violencia desatada
Y con furia y con  pesar
Una a una derramadas.

Cae la noche.
La verdad es pura y limpia,
Y en tus ojos de canela
Brillaba.
Cesa el llanto.
La vida es una emboscada
De demonios que arrancan
A los ángeles las alas.

Enrique Rull Suárez 

viernes, 10 de agosto de 2012

Último Atardecer


Mira el atardecer
Amada mía,
Contempla el sol ardiente
Caer sobre el horizonte,
De oro teñido el cielo;
Echas jirones nubes rojizas
Cual ejército formando filas.
Y la brisa tranquila y calma
que ya anuncia la noche fría.
Ramas del los árboles cimbrean
Y  hojas que se mueven
como escapar y volar queriendo;
Y el mundo calla solemne,
Mientras nuestros cuerpos
 juntos languideciendo
Se aletargan dulcemente
En íntimos pensamientos 
Que nadie más entiende.
Toma mi mano, amada mía,
Déjame tu dulce calor sentir
Tu piel de seda, tan tierno marfil,
Déjame embeberme de tu presencia
Guardar en mi alma tu santa belleza
Condensar la eternidad en este instante
¡El último!
Déjame de tu mirada hacer mi luna
Que sobre un oscuro cielo veré en la noche,
De tu sonrisa mi sol
Que brillará aún cuando mil nubes acechen,
Y de tus labios  hacer mi alegría
Que mis lágrimas secarán
Cuando caiga la aurora
Me falten las fuerzas
Y deje de ver sentido a la vida,
¡Sólo tus labios me salvarán!
Y ahora parte, ¡vete ya!
Antes que veas mis mejillas
por amargas lágrimas surcar;
Déjame en este mundo que ya no brilla;
Tengo tu recuerdo, amada mía,
Y el recuerdo de este atardecer
 Juntos
Será la luz que ilumine mi vida.
¡Que fue el momento eterno!
¡Luz cegadora, mañana no será nada!
¡Que no hay presente ni futuro
Cuando de esta manera se Ama!

Enrique Rull Suárez